Si no te pierdes alguna vez, ¿cómo saber qué camino quieres seguir?

¿Quién no se ha sentido perdido alguna vez? ¿Quién no ha sentido estar en el lugar incorrecto o que ha tomado la decisión indebida? Esto es, simplemente, la vida en sí misma.

Creo que todos lo sabemos, es imposible, en algunos casos, no dejarse llevar por las emociones o sentimientos del momento, es difícil calibrar la consecuencia de cada una de nuestras decisiones y más complicado adivinar el futuro. En el fondo, es lo que a todos nos gustaría, saber qué pasará después de cada paso que debemos dar, pero esa bola de cristal no existe.

En los últimos años he visto muchos directivos luchar con la incertidumbre del momento, empresas intentando avanzar por la senda más oscura a las que le llevaba la crisis, personas que perdieron el trabajo que querían y también, ¡cómo no!, personas simplemente perdidas con la vida. Todos y cada uno de nosotros tiene derecho a pasar épocas habitando en las tinieblas, somos humanos. Lo difícil es saber cómo salir y darse cuenta de que, por muy difícil que nos parezca en ese momento, “esto también pasará”.

Si algo he aprendido en este camino, es la necesidad de tres cosas para llegar cuanto antes de nuevo a la luz:

1.     Buenos amigos, compañeros o coach.

2.     Invertir el tiempo en lo que es importante para ti, saber qué quieres.

3.     Dar al momento la temporalidad necesaria.

Está claro que solos a lo mejor podemos salir, pero es más rápido y enriquecedor el camino si dejamos que nos ayuden. Recordar: perderse es humano, equivocarse también, pero no aprender, no pedir ayuda y no focalizase en lo que es realmente importante para ti repetidamente se convierte en algo estúpido.

Hoy quiero compartir con vosotros una parte de mi cuento preferido: “Marizul, que sueña que sueña que sueña…” de Bernardino Rivadavia & Maurizio

-        ¿Dónde estoy?

-        En la tierra de lo que se perdió y jamás se encontró – contesto el genio.

-        ¿Tristana está aquí? – preguntó Marizul, esperanzada, pensando en la muñeca que había perdido en un paseo por el campo.

-        Tu muñeca no llegó aquí porque la encontró una niña campesina. Le ha hecho cinco vestidos nuevos y, como llevaba su nombre bordado, le sigue llamando Tristona.

­   Marizul se alegró. Al instante, un brillo intenso en el horizonte llamó su atención.

-        ¿Qué es aquello?

-        La montaña, cada vez más grande, de los alfileres y de las agujas perdidas.

-        ¿Y aquello de tantos colores?

-        La no menos grande de los botones perdidos.

-        ¿Todos los objetos que se pierden vienen a parar aquí? –pregunto Marizul

-        Si nadie lo encuentra… -contestó el genio.

­   Marizul, que no salía de su asombro, siguió preguntando:

-        ¿Y la gente que se pierde?

-        No está aquí -dijo muy serio, el genio, dándole la mano a Marizul.

Todo hombre que se pierde encuentra su rumbo. Tal vez sea diferente al que seguía, y se sienta perdido; pero sólo por caminar, ya se ha encontrado. Hay quien se entristece al no darse cuenta de que ya está haciendo un camino nuevo.

 

 

Espero que te guste. Y, si te has perdido, no te preocupes, es necesario perderse para encontrarse de nuevo =)

Nekane

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