El camino, al igual que la vida, continúa. Llega el 4º día y emprendemos de nuevo el camino, esta vez hacia Bolsena, 90 Km. que recorrer, en los que nos deparan nuevas aventuras y aprendizajes.
Bolsena es un pequeño pueblo a los pies de un maravilloso lago. La foto que vemos a primera hora de la mañana me sirve de motivación para todo el camino.
Cada día planificamos las etapas y visualizamos en un mapa lo que nos vamos a encontrar, exceptuando todos los imprevistos que van surgiendo, claro está, así que ¡a por ello! 90 Km. ¡uf!, la etapa más larga hasta ahora.
Sinceramente, no tengo palabras para expresar lo que pude llegar a sufrir ese día, las subidas, el camino interminable. La verdad, yo ya no podía más, pero ¿tenía otra opción? No, la única era continuar. Bueno, sí, claro, podía haber llamado un taxi, haber cogido la carretera en vez de los caminos monte a través, pero no hubiera sido lo mismo.
El día se me hace largo, mis piernas ya no dan más de sí, así que decido intentar concentrarme en otra cosa. Dejo de pensar en el camino o en cuánto falta para llegar o en lo cansada que estoy. ¡Funciona! Otro gran aprendizaje, cuando creas que no puedes más, vuelve a intentarlo. Tu mayor fortaleza está en tu cabeza. Esto es algo que también puse en práctica cuando corrí la media maratón, la real fuerza que nos mueve está en nuestro interior y no depende de nuestras piernas o nuestra fortaleza física, sino de la de nuestra alma. Claro que, contado así, puede parecer que soy una gran deportista y, de verdad, nada más lejano de la realidad; si lo fuera, 100 Km. no serían nada.
Por fin, llegamos a Bolsena y la suerte vuelve a sonreírnos con un pequeño hotel a pie de lago y una maravillosa piscina de la que, si fuera por mí, no me hubiera movido ni para cenar, claro que hubiera sido una pena porque me hubiera perdido el encanto de las calles, la maravillosa comida italiana y una gran conversación. Estos son los momentos que dan sentido a todo, el reposo, el disfrute, el descubrimiento de nuevas ciudades y también, cómo no, poder dormir.
El 5º día de trayecto amanece con un maravilloso sol que se refleja en el lago, siento que las fuerzas de nuevo me acompañan y la bici empieza a ser mi amiga. Ya, qué más da, después de los 90 Km., cualquier cosa es posible. J
Pronto descubro que no va a ser tan fácil. El camino empieza con tropiezos, me pego una super torta con la bici, mi rodilla sangra bastante y la cadena de la bici no funciona. Además, ¡no entiendo nada de bicis!, pero pasa como con el ordenador, no sabes cómo, pero lo enciendes y lo apagas y vuelve a funcionar. Aquí no hay botón, pero poniendo un poco de aceite, dando vueltas a los pedales y tocando por aquí y por allá, la bici vuelve a estar en forma. A mi rodilla le cuesta un poco más, pero como soy bastante cabezota (creo que eso, a estas alturas, ya es una evidencia), decido que de médicos paso y que pedaleando me olvidaré. Está claro que no es un buen comienzo, son casi las 10 de la mañana y hemos salido a las 6, pero yo tenía razón; si sigues, te olvidas del dolor y lo evidente es que mi herida no parece que vaya a mayores.
Sobre las 10.30 encontramos las termas, agua caliente y sulfatada, ¡genial! Con nosotros, un montón de italianos que parece las confunden con unas piscinas públicas, pero da igual, al fin y al cabo, no se me ocurre mejor opción para descansar y cambiar el rumbo que el día estaba cogiendo.
Hoy llegaremos, tras 65 Km., a un pueblo de cuyo nombre no me acuerdo, pero sí de la sensación de llegar a un lugar sólo habitado por fantasmas, claro que el que sean las 2 del mediodía y con más de 35º debe ayudar a que ni un alma pise las calles.
Nos cuesta encontrar donde dormir y más una farmacia para curar mis heridas, pero a las 5 de la tarde, como por arte de magia, el pueblo va cobrando vida y empezamos a ver gente por la calle. Pude curar la herida y, a falta de un restaurante, nos vamos de compra al supermercado. Bienvenida la sencillez del momento, un poco de jamón, quesos y, por supuesto, buen vino, ¡Esto sí que es vida!
Esta será la primera vez que un hotel (por llamar de alguna manera al sitito donde dormimos) nos ofrece desayuno a las 5 de la mañana, esto es el no va más, al día siguiente no voy a tener que pedalear en ayunas.
6º día. El desayuno me ayuda a pedalear unas cuantas horas. En teoría, estamos a dos días de camino para llegar a Roma, así que la meta empieza a parecer alcanzable. Nos planteamos una ruta de 65 Km. pero, como vamos descubriendo, el camino se llama la ruta olvidada por algo. Vallas, campos cerrados, caminos no aptos para bicis se irán convirtiendo en caminos reales en cada pedalada. Claro que los campos repletos de cactus y mis piernas no se llevan bien, pero el paisaje y la soledad hacen de este un camino único.
La Toscana es de una belleza incomparable y recorrerla en bicicleta te permite apreciar todo su esplendor.

El camino es difícil, después de una larga subida encontramos un indicador de esos que señalan la ruta como por arte de magia y que te dan la sensación de que sí estamos en una ruta santa y conocida. Lamentablemente, este indicador nos señala un camino diferente al que tenemos en el plano, difícil decisión, el plano nos lleva a una nueva cuesta, el indicador a una bajada, así que está claro, nos decantamos por deslizarnos, ¡gran error! Aparecemos en medio de la montaña, tenemos que llevar las bicis en la mano, no hay alternativa, así que otra gran lección: no siempre el camino que parece mas fácil, los es. Pero este pequeño contratiempo nos llevará a no saber donde estamos, seguimos pedaleando y cuando ya llevamos recorridos unos 80 Km. nos damos cuenta de que sólo faltan 20 para llegar a Roma. Toca decidir: parar o continuar. Decidimos continuar, llegar un día antes de lo previsto nos permitirá poder dormir y descansar en la ciudad.
Al descubrir la entrada en la plaza de San Pedro, 431 Km. recorridos, 100 el último día, yo sólo podía llorar. La majestuosidad de la plaza, la satisfacción del trabajo hecho y la sensación de un nuevo sueño cumplido. Unos minutos llenos de emociones, cuánta gratitud, hemos llegado bien. Necesito un tiempo para descansar, para dar gracias, para rezar…
Lo habíamos logrado, la via Franciqena, el camino de San Pedro, la ruta olvidada o el camino Romero, como quieras llamarlo da igual, por fin la meta y dos días para disfrutar de Roma, poder descansar y aparcar la bici. J
Mientras hacía el camino, no pensaba que quisiera repetir, pero estas han sido una vacaciones inolvidables, he vuelto con energías renovadas y ganas de otra aventura similar, así que el año que viene, si Dios quiere, la Ruta de la Plata me espera, esta vez mejor entrenada para intentar sufrir menos y disfrutar más, aunque ahora que lo veo con retrospectiva, no sé si será posible disfrutar tanto como lo he hecho. 7 días, un camino por descubrir, una región para conocer e inolvidables aventuras y aprendizajes, ¿se puede pedir más?
Y con esto se acabó mi viaje, al menos de momento. J
Hola Nekane:
Por todas las cosas que dices, comentas, transmites, te inspiran, yo diría que más que ‘pedaleando la vía’, estás ‘paladeando la vida’. ¡Qué afortunada!
Me conocerás muy pronto…
Un cordial y afectuoso saludo,
Pablo
Hola PAblo que razón tienes, quizas la vida no es mas que un camino.
Cunado nos conoceremos?
Nekane
Seguro que en Creade Madrid. He avisado a Nieves y a Myriam. Por cierto, ¿tienes un hermano que se llama Andoni dentro del sector de la publicidad exterior? Hablamos.
Un cordial y afectuoso saludo de,
El marketinero creativo
Hey si es mi hermano!!!!!!!!!!!!
Tal y como le dije a Myriam, intuyo que esto es el comienzo de una bonita amistad, y si no, al tiempo. Por cierto, con fina ironía y hablando de valores, ¿no te parece que ZP, en algunos casos está echando ‘valores’ fuera?. Es una pequeña reflexión que espero te haya gustado.
Un cordial y afectuoso saludo de,
Pablo, el pequeño saltamontes de Myriam