Este quizás sea un post muy personal, pero en el marco de ir desarrollando temas que nos ayuden a crecer como personas y crear una sociedad firme, opino que un tema vital es la familia. En este entorno, os quería comentar mis aprendizajes y experiencias con mi abuela. Tengo una abuela de tan sólo 96 años, que está como la edad dictamina, no muy bien; por desgracia, está en una residencia lejos de mi casa y sólo cada mes y medio, más o menos, puedo pasar un fin de semana con ella.
Esos fines de semana se convierten en tristes y llenos de luz al mismo tiempo. El enfrentarte con el deterioro de las personas a las que quieres da sensación de volatilidad y a mí me ayuda a recordar las cosas importantes. Cada visita que le hago es un duro y certero aprendizaje sobre dónde y cómo quiero estar.
Parece que con el paso de los años los seres humamos tenemos un sentido del recuerdo y la vida diferente, todo ha pasado y no queda nada que esperar, difícil de llevar.
Sentimos que ese momento está lejos, pero ese momento donde las expectativas se acaban y sólo queda la memoria, los momentos concretos que vivimos, a todos nos llega. Dura tiene que ser la hora en que nos enfrentemos a ello, pero a su vez maravillosa si sabemos que no estamos solos y mantenemos una conciencia tranquila sobre el uso que hemos hecho de la vida.
He intentando concretar mis reflexiones en tres puntos: qué hemos hecho, qué recordamos y con quién lo compartimos.
Puede que demasiadas emociones me sacudan en cada visita, pero no por ello podemos dejar de estar. Esto es simplemente la vida, nacer, avanzar, crecer, construir, compartir… hasta el último momento. Vivimos en una sociedad donde trabajamos para pagar canguros, residencias… al fin y al cabo, servicios de los que en mayor o menor medida podríamos encargarnos nosotros de prestar. ¡Curiosa tendencia! Necesitamos dinero para que se ocupen de las cosas que nosotros podríamos hacer y que, además, de hacerlas nosotros no necesitaríamos tanto dinero para poderlas pagar. Puede que la verdad esconda otras verdades y puede que la niñez, al igual que la vejez, sean simplemente la cara y la cruz de un mismo proceso en el que la familia, el amor de quien nos rodea, nos da el soporte para enfrentarnos a lo que vendrá con mayor o menor entereza.
Hola Nekane,
Efectivamente es un post bastante personal pero que comparto contigo.
Felicidades por esta publicación.
Somos lo que somos en gran parte por ellos, por nuestra familia, el mejor y más valioso tesoro que podemos tener y en nosotros está saber cuidarlo y conservarlo.
Aunque suene extraño, para mi “la coach” más valiosa es la que en ocasiones menos entiende del mundo que me rodea, mi madre….
Un Abrazo
Estefani