El domingo Catalunya se ha despertado tarde y con resaca, el partido y su victoria hizo que muchísimas personas trasnocharan para celebrarlo. No soy ninguna entendida en fútbol y, si no fuera porque a mi hijo le encanta, creo que ni prestaría atención.
No voy a escribir sobre el partido, los entendidos ya lo han hecho, pero sí quiero dar las gracias a Guardiola. Él nos ha hecho sentirnos orgullosos; más allá de si entrena a un equipo catalán o no, el sábado nos representaba a todos y lo hacía como él sólo sabe, con maestría.
Esa maestría que se consigue con muchas horas de entreno, de dedicación y práctica. Nada ocurre por casualidad, aunque aceptemos que la suerte y el entorno tienen su papel, los grandes líderes han encontrado la victoria siempre después del esfuerzo de muchos fracasos.
Guardiola nos ha enseñado una vez más que el liderazgo y la victoria se consiguen con el trabajo en equipo y la humildad. Guardiola pasará a la historia, pero lo hará como debe ser, con honor: el honor de hacernos sentirnos orgullos, la sabiduría de aplicar el mejor liderazgo y el legado de dejar el mejor ejemplo para nuestros hijos; la victoria no solo se consigue derrotando a los demás, el verdadero ganador es aquel que triunfa como equipo sin criticar ni humillar a nadie, con respeto, dignidad e integridad.
¡Gracias, Guardiola!