Sigo reflexionando en el contexto del anterior post, ¿cómo es posible evolucionar como persona, alejando creencias y expectativas para desarrollar nuestra propia personalidad? ¿cómo es posible crecer en nuestras relaciones personales abandonando victimismo y dependencias, aceptando al otro como es y sabiendo dónde queremos estar y dónde no?
Esta vida me resulta curiosa, nos pasamos gran parte de ella educando a nuestros hijos o recibiendo educación para luego darnos cuenta de que posiblemente, en función de estos aprendizajes, en realidad lo que hacemos es generar una serie de creencias que limitan nuestra vida y la de nuestros hijos, pero ¿cómo se puede mejorar?
No sólo hablo de cómo de verdad enseñar a nuestros hijos a pensar sobre sí mismos sino también de cómo hacerlo nosotros. Nuestra mente en estas ocasiones se convierte en una gran trampa mortal en la que resulta difícil discernir entre lo que queremos y lo que nos han enseñado a querer.
Montones de preguntas bombardean en los últimos días mi cabeza:
Podría continuar hasta el infinito con preguntas cuya respuesta no siempre me es fácil de contestar. Compartiendo estas dudas con un amigo, él me dijo: “Nekane, es fácil. Tus sueños reflejan tus deseos más íntimos, tus creencias están basadas en tus expectativas y, por tanto, guiadas por tu educación y aprendizaje”
Curiosa reflexión, pero ¿cómo lo separo?, ¿cómo puedo averiguar el camino para determinar qué parte de mis sueños no está también condicionada por mis aprendizajes?
El primer punto de partida sobre el que deberíamos reflexionar es sobre las afirmaciones que hacemos en general: un ejemplo es cuando decimos a un niño: “pero mira que eres malo”, o vago o perezoso…, da igual, las palabras son como dardos en nuestros cerebros, que generan creencias a cerca de nosotros mismos y de lo que pensamos; en realidad, las palabras que se aglutinan en nuestra mente determinan en gran medida nuestras respuestas al entorno. ¿Por qué no empezar por separar el ser del estar? Cuando queramos decirle esto, podríamos hacerlo de otra manera: “Mira que hoy estás vago” o “Mira que hoy te estás portando mal”. Sólo cambiando esta parte del lenguaje que diferencia entre algo que pertenece a nosotros y es un atributo claro y algo que obedece al momento, estaremos ayudando a nuestros hijos y a nuestro entorno a no crear falsos paradigmas que luego se conviertan en certezas.
Lo mismo podemos hacer con nosotros; eliminemos de nuestro lenguaje “es que yo soy” y centrémonos en “hoy me siento así”. Pongamos un ejemplo: el típico día que todo nos sale mal y nos machacamos a nosotros mismos diciéndonos lo torpes que somos o la mala suerte que tenemos. Todas estas afirmaciones, que son fruto del momento, se pueden convertir en espadas que matan nuestra propia mente.
No tengo respuesta a todas mis dudas, la vida es un camino maravilloso lleno de pozos, curvas, subidas y bajadas, a veces nos acompaña el sol y a veces la lluvia. Lo único que puedo sugerir es intentar hacer este camino más ligero eliminando en la educación de nuestros hijos, en nosotros mismos y nuestro entorno, palabras y afirmaciones que no nos ayudan a encontrar nuestro propio sendero y que hacen que acabemos caminando en el de otros.
Quizás este sea el inicio de un nuevo camino que nos ayude a encontrar nuevas respuestas sobre nuestros sueños y nuestros deseos reales.
Os dejo con estas palabras de Tagore:
“Yo dormía y soñaba que la vida era alegría.
Desperté y vi que la vida era servicio.
Serví y vi que el servicio era alegría”
Un abrazo a todos,
Nekane