Hace ya unos días en LHH tuve una de las mejores experiencias que recuerdo en los diez años que llevo trabajando en esta compañía; parte del equipo nos fuimos tres días a realizar una sesión de Team Coaching.
Mi idea original era muy sencilla. Por un lado, compartir algo de tiempo fuera del despacho y, por otro, probar en nosotros mismos una metodología que estaba teniendo mucho éxito entre nuestros clientes, por eso de que no se diga que en casa del herrero cuchillo de palo. =)
Así que, con estos dos pequeños objetivos, nos embarcamos en tres días de Team Coaching. El proceso empieza con una herramienta de medición, es decir, un pequeño cuestionario para ver cómo nos encontramos y qué sentimos frente a nuestro equipo de trabajo; después, tres días para profundizar en conceptos tan importantes como los roles dentro de la compañía, los comportamientos tóxicos, los niveles de confianza, expectativas…
Supongo que hasta ahora todo lo que os cuento os suena al típico outdoor al que tan acostumbrados estamos, pero no es así, estas sesiones nos ayudaron a entender cómo nos comportábamos como equipo, cuáles de nuestras reacciones naturales bloqueaban el crecimiento, nos ayudó a entendernos mejor, a cerrar heridas y a abrir nuevos caminos para trabajar mejor juntos. O sea, que fue como abrir la caja de Pandora pero sin dejar la esperanza olvidada dentro.
Fueron días de grandes aprendizajes pero, sobre todo, días de conocimiento mutuo, de entendimiento, de generar nuevas alianzas, sistemas de trabajo más productivos y trasparentes, alineando personalidades, expectativas y objetivos de empresa.
¿Pero qué hace de verdad que un grupo de personas se conviertan en un equipo de verdad? Sé que hay muchas teorías al respecto pero, en mi opinión, los ingredientes que crean la fórmula de éxito son sencillos:
1) Querer: este es el motor fundamental, la voluntad individual que nos mueve a querer participar del equipo y del proyecto empresarial. Si uno no quiere, no creo que se puede hacer mucho.
2) Confiar: saber que los demás te ayudarán, aunque a veces las prisas o los malos entendidos nos hagan desconfiar o sentirnos solos.
3) Trasparencia y honestidad: tener la capacidad de decir las cosas, de compartir cómo nos sentimos, con empatía y educación pero también con determinación. Dando feed- back y manteniendo conversaciones que nos ayuden a limar las pequeñas asperezas que surgen en el día a día.
4) Tolerancia: para aceptar que todos somos diferentes pero al mismo tiempo complementarios, es la unión de muchas pequeñas virtudes las que crean una gran virtud.
5) Capacidad: por supuesto, hace falta algo de capacidad personal pero, si tengo que ser sincera, me quedo con la actitud. =)
6) Amor: el ingrediente fundamental, querer lo mejor para el otro.
7) Ganas de mejorar: no rendirse nunca, avanzar y aprender de los errores.
Desde aquí os doy las gracias a todos, a nuestros facilitadores, Enric y Judith, sin vosotros este proceso no hubiera sido posible y sí, por supuesto, a todos vosotros, Deanna, Orestes, Pablo, Aziz, Jone, Natalia, Nieves, Myriam, Laura, Carlos, José Antonio, Pilar, Macarena, Estefi y Silvia, el mejor equipo de trabajo que nunca he visto. Gracias por vuestra honestidad, compromiso y valentía y, sobre todo, por eso que os hace completamente diferentes: vuestras ganas de crecer y de compartir, vuestro inconformismo y, por supuesto, vuestra amistad, vuestra voluntad y el amor que ponéis en todo lo que hacéis.
¡Gracias!
Lo primero me gustaría agradecer a nuestros facilitadores coach el súper- trabajo que hicieron, Enric, Judith gracias de nuevo sin vosotros esto no hubiera sido posible.