¿A dónde van los valores?

William Shaskespeare dijo: “Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos llegar a ser“. Sabia frase que nos introduce en dos buenos conceptos: el futuro no está decidido y siempre hay una oportunidad para mejorar.

¿Qué nos depara el futuro?, ¿hacia dónde podemos pensar que van nuestros valores? Podemos conocer lo que “ahora” tenemos. Podemos afirmar que el futuro se decide en presente, con cada acción, con cada sueño y, sobre todo, con mucho optimismo en un mañana mejor. Hoy en día, el presente se enriquece con nuestros jóvenes, la tan cuestionada Generación Y. Estos chicos nacidos entre 1978 y 1989, educados en la era de Internet, empiezan a ser el catalizador de una nueva sociedad.

Según un estudio publicado por ADECCO, está en juego un cambio profundo de los valores en relación al trabajo.

Los nacidos entre 1945 y 1979, es decir, los padres de nuestros profesionales, que crecieron en una cultura del trabajo, siendo para ellos inexistente la cultura del Ocio hasta los años setenta, son la denominada Generación del Baby Boom o Generación X. Esta generación se distingue por adaptarse mejor a los cánones que impone la sociedad y se ajusta mejor a las reglas de juego de sus padres. Para ellos lo importante es el grupo, no el individuo.

A partir de la década de los 80 nos encontramos con La Generación Y (jóvenes entre 18 y 24 años). A diferencia de sus progenitores, esta generación ha nacido al amparo de las nuevas tecnologías, de los sistemas de comunicación y de la TV. Su vida personal y su tiempo de ocio es tan importante como el trabajo. El Profesor de IESE Paco Gay los ha denominado “Aprendices en busca de Maestros” y hay que ofrecerles confianza, credibilidad, desarrollo y pautas claras. Ya no se conforman, son la generación del ¿por qué? No piden permiso, algunos lo han interpretado como actitudes desafiantes y retadoras. Los ideales no son tan importantes y son más individualistas. Su forma de sociabilizarse se desarrolla en la red pero, curiosamente, para ellos la familia sigue siendo la faceta más importante de la vida (según un estudio publicado por Bancaja). Para esta generación, valores tan arraigados en nuestra cultura como el esfuerzo, el trabajo, la fidelidad a la empresa, etc. van a la baja.

Walt Disney nos dijo: “Todos nuestros sueños pueden hacerse realidad si tenemos el valor de perseguirlos“. Así que yo no me conformo. Podemos cuestionar, criticar a estos jóvenes, o podemos construir juntos. Todos tenemos nuestros sueños, ellos y nosotros, cosas buenas y cosas mejorables, pero está claro que el futuro de nuestra sociedad y de los valores que resalten en ella no está sólo en sus manos. La Generación Y ha entrado en nuestras empresas. En 5 años podrán llegar a ser los Directivos y Managers de nuestro país y nosotros podremos ayudar a construir ese sueño, enseñándoles y guiándoles, al mismo tiempo que ellos nos aportarán nuevos valores y nos enriquecerán con una nueva visión.

Según Charles Handy: “Las empresas que sobreviven más tiempo son las que descubren lo que pueden darle al mundo en exclusiva, no sólo crecimiento o dinero sino su excelencia, su respeto por los demás o su capacidad de hacer feliz a la gente“. En un entorno globalizado, en el que, como dice Juan Carlos Cubeiro, el Talento es más escaso que el capital, debemos aprender a buscar algo “más”. Si además sabemos que la felicidad está muy vinculada a la motivación y la motivación al compromiso y, por tanto, al Talento (Capacitación por Compromiso), busquemos el sueño, construyámoslo. Hagamos de maestros a una generación que aportará, seguro, mayores y mejores políticas de conciliación a nuestras empresas.

Nuestro papel en el futuro es infinito. Vayamos a por la Generación V que se moverá por Valores, como prudencia, autodominio, responsabilidad, coherencia, voluntad, serenidad, autoestima, optimismo, compromiso, perseverancia… y ese largo etc. de palabras que han sido casi desterradas por parte de nuestra cultura.

Tal como afirmó Buda “Somos lo que pensamos con nuestro pensamiento. Nosotros hacemos el mundo“.Dejemos de pensar en qué hacen los otros y pongámonos manos a la obra. No olvidemos que el futuro depende de nosotros y, sinceramente, creo que nuestros hijos se merecen este esfuerzo.

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